A través de la conjunción de técnicas funcionales (ejercicios lineales) y técnicas sensibles (ejercicio del mundo simbólico), convertirnos en “luthieres” para construir nuestro instrumento.
Pasar de un cuerpo cotidiano a uno extracotidiano. Y luego, "ejecutar" y "afinar"; emprendiendo el camino hacia la improvisación.
Musicalizar el cuerpo. Abrirlo y fortalecerlo.
Escuchar y desarrollar el propio lenguaje.
Lo sensible y lo funcional interrelacionado.
Ritmo.
Fuerza, elongación, técnica, cuerpo musical.
Descompresión, disponibilidad, enraizamiento, energia.
Calidad de movimiento.
Espacio.
Forma.
Improvisación.
Y música...
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